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Se receta calmante mágico para dolor estructural
por Julián Axat (*)
“Las flores del mañana serán los pétalos en los tachos de basura” Sex Pistols, 1974
Yo, antes de ser defensor oficial, soy Hijo. Hijo de desaparecidos. Esa es mi verdadera identidad. Tenía sólo 7 meses cuando la dictadura hizo desaparecer a mis viejos porque creían en un mundo muy distinto al que hoy vivimos. Ellos tenían la misma edad que yo tengo ahora. Los que nacimos en ese 1976 -simbólicamente hablando- somos los hijos del proceso militar que, tras el exterminio de nuestros padres, nos apropió, o nos dejó al cuidado de nuestros abuelos, nuestros tíos, -o acaso- los familiares o amigos que nos quedaron en suerte.
Soy parte de la generación que nació a la vera de un proyecto de infancia dictatorial establecido por ley nacional 22.278, que para protegernos y sacarnos del abandono moral y material, nos dio trato de objetos, de cosa. Estoy seguro que aquellos que hoy tienen entre 31, 32, 33 años, sean de la extracción social que sean, hijos de desaparecidos o no, vivieron de algún modo u otro los estertores de la dictadura: las razzias policiales que nos llevara alguna vez a una comisaría, los jueces que como “buenos padres de familia” nos daban un sermón y si no nos liberaban por piedad, nos mandaban por carta de pobreza a los Institutos. Pero siempre estaba la posibilidad de salir, de encontrar un laburo, una changa, o de vivir de los viejos hasta la mayoría de edad. El futuro todavía estaba ahí, porque era una promesa alcanzable.
Muchos de los pibes que nacieron en los ‘90, los que ahora tienen entre 14 a 18 años, son hijos del Menemismo. La generación hija de ese (otro) Terrorismo Económico -de Estado llamado “Neoliberalismo”-, que les hizo ver cómo sus familias entraban en decadencia. Que les mostró a sus padres desempleados, expulsados: sin casa, sin cobertura, sin proyecto de vida más que la subsistencia del día a día. Esos pibes son los que hoy forman parte de la llamada pobreza estructural, donde el futuro no existe, ni es una promesa.
Un modelo de Infancia responsable y democrático debe aprender del pasado para no repetirlo. Debe tener presente todo el tiempo los principios conquistados por la Convención Universal de los Derechos del niño: una infancia- Sujeto de derechos-, a la que se le otorgue la palabra, la escucha; a la que en vez de tenerle piedad y conmiseración por su cara de pobreza, se le restituya con fuerza activa todos los derechos sociales, económicos y culturales. Se trata de luchar por un Estado Derecho, que debe “incluir” a los jóvenes marginados y no seguir “expulsándolos” con respuestas punitivas autoritarias, demagógicas, o acaso “tutelares y caritativas”. Un Estado que debe “ciudadanizar” a la infancia y no estigmatizarla echando mano a “chivos expiatorios”.
A más de 25 años de democracia, un aprendizaje de las conquistas en el área de la memoria, los derechos humanos y la lucha contra la impunidad significó dejar atrás la cultura-política en términos “enemigos públicos”, de modo que el “chivo expiatorio” (antes llamado subversivo) no sirva de excusa para nuevas intolerancias. Por eso, a esta altura, utilizar la idea de “jóvenes peligrosos delincuentes” es echar mano a la mejor excusa para barrer bajo la alfombra un problema estructural: la forma en que se distribuye la riqueza en la Provincia, y como ésta llega a los niños y jóvenes que menos tienen.
La vigencia y la puesta en marcha gradual de un Sistema Provincial de Responsabilidad Penal Juvenil, y la lenta, pero necesaria implementación de un robusto Sistema de Promoción y Protección de Derechos del niño (leyes provinciales 13634 y 13298); hacen necesario suspender la discusión sobre la baja de la edad de imputabilidad, ello hasta tanto las políticas públicas en dichas áreas tengan efectos reales y positivos.
No es responsable en -esta coyuntura- estar hablando al mismo tiempo de bajar la edad de la imputabilidad de los menores, cuando todavía el Sistema de Promoción y Protección de la infancia no ha dado sus verdaderos frutos. Tampoco es responsable, cuando la mayoría de los Departamentos Judiciales de la Provincia, no han implementado hasta el momento el nuevo Fuero, y se espera que gradualmente lo hagan.
Las repercusiones acerca de la baja de la edad de imputabilidad, dejan a la vista una puja provincial entre sectores: aquellos que -no ingenuamente- aprovechan la escalada de un caso mediático y del clamor popular buscan instalar la cuestión de forma tal de lograr una contra-reforma represiva al nuevo cambio legal mencionado. Y aquellos absolutamente comprometidos con ese cambio, que buscan un debate serio, responsable y democrático sobre la edad de imputabilidad, que debe postergarse para mejor ocasión. Nunca para reprimir o dar recetas mágicas al tema de la inseguridad, sino como forma de garantizar los derechos de los niños menores de 16 años.
Que el futuro de la juventud sea una promesa posible, y que no se cumpla aquella profecía cantada por los Sex Pistols en la cita que da inicio a esta nota.
(*) Defensor Oficial Fuero de la
Responsabilidad Penal Juvenil de La Plata